ANTÓN   MOUZO

1957–2007


HEMEROTECA  ANTÓN  MOUZO

inicio
atorretrato de juventud

24-06-1975

La Voz de Galicia.
Por Xavier Seoane e P. Quintáns.

Dous novos pintores por unha nova figuración

   Na aula de cultura “Lume”, que tan polémica laboura ven desenrolando, temos a posibilidade de contemplar, dende o 22 de xunio ao 6 de Santiago, a primeira exposición dos pintores J. M . Villanueva e A. Mouzo.

   O día vintedóus foi feita a presentación por conta dos propios artistas. Na dita presentación, tiduada xenéricamente “Unha aportación a un novo arte galego”, escomenzaron a se proclamar conscentes das súas propias limitacións, e asimade se asomaron abertos a todo tipo de crítica e sin ningún propósito teorizador.

   Xa entrando na materia, fixeron unhas consideracións globáis de tipo histórico encol do arte galego, facendo fincapé na ruptura que supuso o século XV na evolución do mesmo, prantexando os problemas que supón para o arte galego a ausencia duna tradición continuada e coherente.

   Posteriormente, matizaron a idea do arte galego coma un arte que é unha resposta a un xeito de ser galego, a un “sprito”, que olla a realidade dende un prisma autóctono e diferenciado. Iste “sprito galego” ten de ser realizado por dous vieiros, diverxentes, pero complementarios: duna banda, un vieiro de universalización que todo arte necesita para ser válido, e doutra, unha introspección e arraigo na Realidá galega, en tódolos seus aspectos, e considerada tanto sincrónica coma diacrónicamente.

   Máis tarde, fixeron algunhas consideracións sobor da función social do Arte, e tamén da súa función didáctica e necesidade de popularización do mesmo. Eles, para conquerir a expresión plástica de todo isto, elixen o camiño da Nova Figuración, definíndoa coma un intermedio entre abstracción e realismo.

   No que se refire ao nivel de realización concreta, ouservamos que a mostra non deixa de adoecer de certas fisuras, producto duna falla de experiencia lóxica debido á mocedade dos dous pintores. Ista falla de adecuación antre as intenciós e a súa realización práctica, aínda que é sensibremente acusada, non por elo deixa de facernos entrever que, habida conta da craridade e riqueza das súas ideas, e da base técnica de ambos os dous, estamos rente a dúas promesas do arte cruñés en concreto e do arte galego en xeral.

   Notamos, por exempro, unha excesiva esplicitación do tema, significativamente falando, e unha ausencia do que poderíamos chamar un “pensamento” pictórico, no senso de que non hai unha interpretación refrexionada e matizada da realidá. Adoecen cecáis tamén dun certo “efectismo”.

   É de destacar por outra banda, a positiva creación dun hábitat, dun ámeto axeitado á atmósfera que convén á contempración das obras, ao traveso da música e de sinxelos elementos de arte conceptual.


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03-12-1981

A Nosa Terra nº 167.

Ilustración de Antón Mouzo para un relato de Miguel Anxo Fernán Bello: “A lua gris de Xan Cidadán”.

17-10-1982

La Voz de Galicia Por Laureano Álvarez

Galería Abside

   Expone Antonio Mouzo Lavandeira, en la Galería “Abside”, cuyo ambiente tiene antiguas resonancias que, cada atardecer, renuevan su lozanía.

   Presenta un manojo de óleos y gouaches.

   No conozco al pintor ni tengo referencias de su persona en el momento de escribir esta crónica. Pero debe de ser joven, “nuevo en esta plaza” como se leía en desusados artículos o gacetillas.

   Parece indicar juventud su cierta indeterminación en las maneras de hacer sin encauzarlas decididamente. Pero su juventud prometedra ya que la obra presentada lo acredita suficientemente.

   En esta indeterminación vemos como juega con valentía el color, creando acordes cromáticos de tendencia fauve. Otras veces, mantiene una tonalidad austera a la cual se somete, desarrollando gamas atenuadas con precisión y delicadeza. Sin duda tiene gran sensibilidad para el color que maneja con desenvoltura, lo que acredita estar en posesión del necesario oficio para el pintor. Aquello que en su origen significó arte.

   Se aprecia como, alternativamente, utiliza la tendencia expresionista, logrando cuadros de mérito, para adentrarse sin tránsito, y con limitada decisión, en el surrealismo. Pudiéramos decir que se queda en su superficie, si bien la enriquece con calidades estéticas y valores plásticos.

   Sin duda estamos ante un interesante pintor con obra bien estructurada, espléndida de color y creando, a veces, problemas de espacio, resueltos con buen sentido y decisión. Pero sobre todo esto, la gran promesa que representa este joven pintor que, según parece, inicia su pública andadura por el complejo mundo del arte.

ciclope  

1982

Colectiva “Homenaje a Pablo Picasso”.

Delegación del Ministerio de Cultura, A Coruña

1982-1983 (3 Decembro-6 Abril)

“A pintura galega hoxe”

Ciclo de pintura “A pintura galega hoxe” organizado polo Concello de A Coruña.

Entre o 18 de marzo e o 6 de abril expoñen os seus lenzos: Antón Mouzo, Pepe Galán, Xaime Tenreiro, Permuy, De la Colina, Lamazares y Pedro Muíño.

04-03-1983

A Nosa Terra nº 216.

Ilustración de Antón Mouzo para un relato de Miguel Anxo Fernán Bello: “A Florvenusta”.


17-04-1983

La Voz de Galicia (Arte) Por Laureano Álvarez

Ocho jóvenes pintores gallegos en el palacio municipal

[…] Antonio Mouzo se adentra en el surrealismo sirviéndose de figuración real. Cuadros de suerte y calidades distintas. Buen dibujo y la tónica de la riqueza colorística […].

1983

Colectiva “Su disco Favorito”.

 Itinerante por España.

21-11-1983

Tiempo Por J. G. Soubrier

Un taller de arte bajo la batuta de Gordillo

Veinticinco pintores han compartido durante cuatro semanas, en un estudio de 50 metros cuadrados, el primer Taller de Arte Actual, experiencia de enseñanza no reglada que, al igual que hiciera Kokoschka en Salzburgo, se ha desarrollado bajo la batuta del sevillano Luis Gordillo.

[...] Uno de los cinco asistentes llegados expresamente a Madrid para este encuentro es el gallego Antonio Mouzo, que, a sus veintiséis años, ya ha visto cerrarse las dos galerías de arte coruñesas en las que ha expuesto.

   “Echaba de menos hablar con Gordillo –es de los que no le llaman Luis al referirse a él- hasta que logré vencer la sensación de que los otros le exponían más fácilmente sus problemas, y conseguí vencer la timidez, uno de los objetivos de mi participación en este curso, del que me parece lo más importante haber recuperado valores que me parecían perdidos, como la frescura del boceto trasladada a la obra acabada. Es importante vencer el miedo que siempre te impone el lienzo en blanco, el peligro de estragarlo. Sin querer –quizá porque es más caro-, se racionaliza más ante la tela que ante un papel”. [...]

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1984 (29 Xuño-13 Xullo)

Colectiva “Talleres de Arte Actual”.

Círculo de Bellas Artes, Madrid.

1984 (Agosto)

VI Bienal Internacional de Arte [catálogo]

Deputación de Pontevedra.

Obra exposta: “Contemplación extemporánea do Monte Sangre”. Acrílico/lenzo. 300 x 150 cm.

1984 (Novembro)

El Ideal Gallego (Arte) Por Fernando Mon

A. Mouzo, en “Finisterrae”

   Creo que vi cosas de Mouzo en varias ocasiones y, particularmente, en la desaparecida galería “Ábside” de la Plaza de Azcárraga. Me pareció siempre un pintor muy interesante, tanto del lado de la sensibilidad como del de la conformación de sus estructuras formales. Pero lo de ahora, la pintura que muestra el “Finisterrae”, es otra cosa. El salto, pues, en la pintura de Mouzo, ha sido gigantesco.

   Su pintura de hoy es, aparte de más coherente, enormemente equilibrada. Quiero decir equilibrada porque los distintos pronunciamientos de esta pintura difieren, bien cierto, entre sí, pero constituyen un todo coherente desde el punto de vista de la sustantividad.

   Una parte de sus cuadros, constituidos casi todos por acrílicos y tierras, está dedicada a grandes temas de la técnica, como los de índole imaginativa, o más imaginativa en cierta medida que los otros. Tres cuadros de grandes proporciones son realmente significativos porque los elementos expresivos, realistas en el fondo, alcanzan un lenguaje plástico potencialmente diversificado. Las figuras con un telón de fondo paisajístico alcanzan el clímax de su expresión. Y todo ello utilizando colores ocres casi siempre, en distintas gradaciones, en planos lumínicos clarificadores.

   Un par de cuadros, sin embargo, que recuerdan en poco a la temática de Vlamik, tienen un hondo sentido dramático –el ciclista, tema muy querido por los posimpresionistas- con una especie de macro-puntillismo descompuesto en colores primarios. Posiblemente en estos dos cuadros se halle la razón de ser expresiva de la pintura de Mouzo. En estos cuadros exuberantes y en la sobriedad formal de otros más recatados posiblemente se constituya ese pronunciamiento de su distinta pronunciación, como decía en principio.


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18-11-1984

La Voz de Galicia (Arte) Por Laureano Álvarez

Tres exposiciones pictóricas. Mouzo en Finis-Terrae

   Un joven pintor, introvertido, según mi apreciación, para intensificar su vida interior, ofrece en la galería Finis-Terrae una obra sincera con gran dosis de espontaneidad, siguiendo la línea, en plena vigencia por las rutas de Europa, del neoexpresionismo y sus concurrentes variantes simpáticas. Es una forma de hacer que, desde mi ventana de las predicciones y prejuicios, veo con indeciso futuro, en contra de autorizadas opiniones, entre las cuales se encuentra la del propio Mouzo.

  Consciente de que la denominación bautismal de casi todas las tendencias o teorías de plataforma pictóricas o artísticas fueron perdiendo su original sentido, adquiriendo contenidos nuevos y abandonando otros, parece preciso señalar que Mouzo, en general, se deja llevar por el impulso sentido en el momento, entrecruzando tendencias apoyadas, en la mayor parte de los casos, en ese neoexpresionismo tan valorado actualmente.

   Aquellos cuadros de considerable formato acusan un íntimo sentir sometido al rigor impuesto por la necesidad expresiva sin perder la lozanía propia de la espontaneidad. Y aun más. Se introduce un elemento de valor simbólico, como el caballo que dirá los deseos exaltados del desnudo masculino a que se dirige, o la sensualidad de las frutas, complemento del desnudo de la mujer de color.

   Un pintor joven y decidido, con amplios litorales de vida para navegar.

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1985 (15-31 Xullo)

Mostra de Arte Galego Xoven: “CARA O FUTURO”.

Centro Cultural “Cidade de Vigo”.

Montaxe: X. Antón Castro / Organiza: Concello de Vigo.

Antón Mouzo expón o cadro: “El puente”, 1984. 100x75 cms. Técnica mixta sobre cartón.

1985

Colectiva “Alternativas 80” (Artistas Galegos na Fronteira). Salvaterra do Miño.

1985

“MAR ABERTO”. Pintura/Escultura XV Festival Intercéltico de Lorient (Francia)

Consellería de Educación e Cultura. Dirección Xeral do Patrimonio Artístico e Monumental. Xunta de Galicia.

Seis artistas: Fernando Agrasar, Antonio Mouzo, Pedro Muíño, Rosalía Pazo, Alberte Permuy, Seara.

1985 (Verán)

Escrita, 6.

Ilustración de Antón Mouzo para uns relatos de Luis Rei Núñez: “Lascas”.

1985 (mes de Xullo)

“TEMPOS DE PINTURA. Arte Galega Cntemporánea”

Museo Quiñones de Leon de Vigo.

Dirección Xeral do Patrimonio Artístico e Monumental. Consellería de Cultura. Xunta de Galicia.

“TEMPOS DE PINTURA. Arte Galega Cntemporánea”. Exposición itinerante dos 33 pintores galegos máis representativos da última metade do século XX (1930-1985), desde Castelao a Manuel Ruibal. [Catálogo]

Obra exposta por Antón Mouzo: “Hombre, cabra y máquina de hacer viento” (Acrílico/lenzo, 180 x 116 cms. 1985)

1985 (Novembro)

Luzes de Galiza nº1

Ilustración de Antón Mouzo para uns poemas de Xesús Pisón.

1986 (do 10 ao 24 de Xuño)

Texto do díptico da exposición:

Exposición individual na Galería de Arte “Abel Lepina”, de Vigo.

MÁQUINA, FIGURA, NATUREZA

   “...No ano 83 encomencei unha serie de cartóns nos que actuaba moi intuitivamente e rápidamente. Empezaron a aparecer e tomar protagonismo máquinas, obxectos mecánicos, rodamentos, aspas, hélices, móviles, arados, artefactos que sempre implicaban unha manipulación humana, pero artefactos. Hai algo dramático nas máquinas, algo que se deriva da súa derivación humana... porque ao cabo de pouco tempo a esas máquinas encomenzaban a engadírselles homes, figuras, e pouco despois unha vocación de paisaxe, como si o final desa cadea fose a natureza, unha natureza vista como indistinta da máquina e do home, ou viceversa. Por exemplo, flores de aspecto mecánico... Nesa continuidade dos estremos, coma si se eliminasen as barreiras que separan as cousas, está a emoción. E quizais o que dicía antes: nun momento ves como hai unha percepción de coñecemento que te induce a expresar. E que a expresión está ao servicio de algo, se se quere un drama suave, como se pouco a pouco un se fora facendo consciente de que o dramático non é algo moi distinto do plácido, e entón a expresión convértese nese drama e é cando un sinte que de verdade está facendo arte. Non é algo só psicolóxico... Máis ben, non creo en absoluto que sexa psicolóxico. Non sei se me estou explicando... Non é un sentimento exclusivamente persoal. Adquire un valor obxectivo, xeral... Aí é onde un atopa a súa realización artística, neses momentos, nos momentos en que descobres que hai unha asociación oculta entre a máquina, figura e natureza...“.

MARCOS

   “... é outra vez unha contradicción, que vexo coma un motor para a miña expresión futura.¡Quen non ten contradiccións de onde pode extraer forza de creación¡. Por unha banda quero dotar ao cadro de todo o valor que ten para min como obxecto en si mesmo. Un cadro é algo distinto a outro cadro, aínda que sexa dun mesmo autor. Dotar de suficiente  autonomía ao cadro é vital. E algo invita a que esa autonomía se consiga cunha delimitación clara do que o cadro é. E dicir, poñerlle un marco. Pero, ao mesmo tempo, hai como unha insatisfacción polo limitado que é crear, só sobre unha superficie limitada. E entón o marco xa non é, sen deixar de selo, un límite, senón un intento de prolongación.  Cando se quere dotar ao cadro  dun valor obxectual, xorde inevitable o desexo por utilizar outros tipos de obxectos  como manifestación da creación. Agora ben, se un non pode utilizar obxectos hai a necesidade de valorar o espacio no que se moven ou se manteñen quedos. Expresarse no mundo, no espacio do mundo. En fin, unha contradicción que, polo momento, é MARCO...“.

HETERONIMIA

   “...gustaríame ser moitos pintores, ser moitos homes, porque non está moi claro que só sexa un. Claro que dicir esto despois de Pessoa non ten excesivo creto. Eu case diría que despois do que Pesoa dixo xa non hai nada que teña demasiado creto, agás o arte en si mesmo, o arte que quizais estea no que se fai cando non se prevé falar sobre elo... Non sei”.

PERPLEXIDADE

   “...se se segue a pintar e se, o que aínda é máis ademirable, se segue vendo pintura, é que o mundo segue sendo algo tan misterioso que a perplexidade segue a ser o único sentimento lóxico fronte a  él...“.

SELECCIÓN ARBITRARIA DE CONVERSACIÓNS CON ANTÓN MOUZO (Xosé Manuel Villanueva)

1986 (Agosto)

“Las Fuerzas Atroces del Noroeste”

U.I.M.P. (Universidad Internacional Menéndez Pelayo). Palacio de La Magdalena, Santander.

Exposición colectiva

1987 (27 Febreiro-16 Marzo)

Contactos. “Pintores & Fotógrafos” (Colectiva)

Palacio Municipal Kiosko Alfonso, A Coruña.

ALQUIMIA. Antonio Mouzo [catálogo exposición]

   “Un espectador se coloca ante un cuadro. Lo mira y se va a otro. Lo mira y sigue hasta que se va. Ha visto productos. Hoy los productos visuales más abundantes están hechos para ser consumidos rápidamente. Salga a la calle y observe un momento (es lo que hace falta) un cartel publicitario. Lo que digo se entenderá haciendo la prueba. Pero los cuadros de una exposición no son sólo un producto. Son una frase de un proceso que nace para conseguir no acabar nunca del todo. El juego consiste en disfrutar lentamente de ese proceso, siempre que interese claro está. La cosa comienza antes. En el propio pintor. Incluso antes, en el hecho natural e inexorable de que algunos hombres necesiten elaborar imágenes. Las imágenes se elaboran no sólo al estar ante el cuadro sino simplemente al vivir. Viviendo se inicia el proceso. El pintor usa imágenes que ya existen y las transforma, una y otra vez, participando a su vez en un largo proceso que a lo que sabemos empieza en las cavernas. Y esas transformaciones se van sumando y multiplicando como en un juego alquímico que, como la alquimia, busca un fin inalcanzable: es decir, un pretexto. Importa mucho menos el fin que el proceso.

   Inicialmente pintábamos objetos exteriores: un bisonte, un hombre, un sol. Después acciones: La Adoración de los Magos. Después procesos, instantes naturales: un paisaje soleado o turbulento, o un momento concreto del rostro de Felipe IV. Pero después proyecciones personales sobre algo externo y en las proyecciones se incluyeron ya las imágenes previas de otras imágenes. Picasso pintó las Meninas de Velásquez. Me gusta pintar imágenes que ya eran elaboraciones de imágenes de objetos o procesos exteriores. Una postal no es sólo una foto: es una imagen codificada: recuerdo, viaje, bonito monumento... Integrar, elaborándolos, el objeto, la primera imagen del objeto, el acto de reelaborar la primera imagen con otro medio: eso es el proceso. Disfrutar (eso procura siempre el arte) en esas transformaciones es el juego que se le propone. Sabiendo que es un disfrute inacabable tanto porque se pueden conseguir haciendo eternas reelaboraciones como porque una sola reelaboración puede disfrutarse eternamente”.

1987 (4-27 Abril)

"Expresso do norte”. Exposición colectiva.

"Expresso do norte”. Galería Pequeño Formato. Lisboa.

Exposición colectiva.

1987 (15-31 Xullo)

“A Coruña, vaya valla” (colectiva)

U.I.M.P. (Universidad Internacional Menéndez Pelayo).

Xardíns de Méndez Núñez, A Coruña.

1987 (23 Xullo-16 Agosto)

“Desdeño Industrial” (colectiva)

Sala Durán Loriga, A Coruña.

U.I.M.P. (Universidad Internacional Menéndez Pelayo).

1988 (Primavera)

Luzes de Galiza nº10/11

Ilustración de Antón Mouzo para un poema de Rivadulla Corcón: “Muxía: a cidade do mar no país do vento”.

1988 (Agosto)

VIII Bienal Internacional de Arte (Pontevedra)   [Catálogo]

VIII Bienal Internacional de Arte (Pontevedra)   [Catálogo]

Xunta de Galicia. Deputación de Pontevedra.

Obra exposta por Antón Mouzo: Instalación [sen nome].

1988 (Outubro)

Exposición colectiva “Mencer”. [Catálogo]

A Coruña. Sala Municipal de Exposicións da Estación Marítima.

Exposición colectiva “Mencer”. [Catálogo]

Obra pictórica exposta por Antón Mouzo: “No río” (Óleo/tea, 127 x 117 cms.)

1988 (Decembro)

(Antón Mouzo, La Voz de Galicia, 28-12-1988)

“I Concurso-adquisición de pintura galega. Concello de Carballo”.

Das cerca de oitenta pinturas presentadas, obtuveron os premios as obras de Antón Mouzo, Berta Cácamo, Álvaro González de la Vega y Cruz Pérez Rubido. O pintor Manuel Facal, un dos membros do xurado, considerou que a obra de Antón Mouzo era figurativa e moi xoven e fresca, referíndose ao óleo que representaba a uns nenos xogando nuha praia.

“Este traballo que presentei aquí é figurativo, ainda que na miña obra fago tamén abstracción e moitas veces combino estas dúas cousas, pero este cadro en concreto é un traballo figurativo e narrativo, conta a historia dun partido de fútbol nunha praia da comarca, na de Arou en concreto. Foi un cadro que saiu dun apunte que tomei na praia onde uns amigos estaban xogando”.

1988 (3-10 Decembro)

Amnistía Internacional. Exposición subasta.

Sala Municipal de Exposicións, Estación Marítima, A Coruña.

Antón Mouzo, xunto a outros 30 artistas,  aporta obra para a subasta solidaria

1988 (Decembro)

Tras o falecemento do seu pai, o 29 de Novembro do 1988, Antón fai o seu primeiro viaxe a Berlín

1989 (4-30 Agosto)

8 Artistes de La Coruña

“8 Artistes de La Coruña. Correa Corredoira, Facal, Pepe Galán, Xurxo Gómez-Chao, J.A.S. Martínez de la Colina, Antonio Mouzo, Pedro Muíño, Quintana Martelo”. Espace Molière. Agde. [Catálogo]

Oito artistas coruñeses expuseron 48 pinturas e 7 gravados (de Manuel Facal) no axuntamento francés de Agde, situado na costa do Languedoc. A mostra foi organizada polo Centro de Grabado Contemporáneo de A Coruña, dirixido polo pintor e gravador Doroteo Arnáiz.

“Desierto”

Acrílico sobre papel reciclado (60 x 50 cm.)

1989 (8 Agosto-3 Setembro)

Catálogo da mostra

“I MOSTRA UNIÓN FENOSA” [Colectiva de escultura e pintura].

Sala Municipal da Estación Marítima, A Coruña.

 Sen título, 200 x 170 cm, acrílico sobre liño belga.

1990 (5 Xuño-28 Xullo)

Catálogo

“Revisión duna Década” [Exposición colectiva]. Auditorio de Galicia, Santiago / Casa das Artes e da Historia, Vigo. Convenio cultural dos concellos de Santiago e Vigo.

Obra exposta: “Sen título”. 1987. Acrílico/tea. 205 x 100 cm

1990

Colectiva Galería Obelisco, A Coruña

1991 (Xaneiro)

Ilustración de A. Mouzo para a portada do exemplar nº 8 de “cadernos da escola dramática galega”

 (“A lición”, drama cómico de Eugène Ionesco).

1991 (Setembro)

“O rostro do tempo” (colectiva de pintura e escultura. Catálogo). Concello de Vigo.

Obra exposta: “Laberinto fósil”. Técnica mixta sobre lenzo. 200 x 170 cm. Ano 1991.

1991

Amnistía Internacional. Exposición subasta.

Casa da Cultura Salvador de Madariaga, A Coruña.

1991 (2-15 Decembro)

“Mail-Art Erakusketa BIZIKLETA” (Exposición de Mail-Art LA BICICLETA). Obras de arte enviadas por correo. Comisión Municipal de Cultura, Axuntamento de Eibar (Guipúzcoa).

1992 (30 Xaneiro)

La Voz de Galicia (Cultura) Por Manuel Rivas

Antón Mouzo: A tranquila desolación

   Unha das primeiras noticias certas que tiven de Antón Mouzo foi no curso dunha inundación.

   As augas do río Pequeno desbordaban polo val de Soneira, agallopaban fóra do curso natural dos ameneiros, asolagaban os campos do maínzo, anegaban os centeos e agatuñaban por valados e pontes, improvisaban fervenzas polas pradarías en aba,e, finalmente, brincaban dos foxos ás estradas con esa atolondrada inocencia que ten a natureza cando intimida aos humanos. A máquina na que eu viaxaba tivo dificultades para remontar as augas e chegar a destino. Logo soupen que a esas horas, nun soto ribeirán de Vimianzo, o pintor Antón Mouzo loitaba por rescatar os seus lenzos do vómito da treboada.

   Fóronse as augas camiño do mar da Costa da Morte pero quedou impresa, trascendida en metáfora, a escea do creador facendo fronte ao naufraxio da obra e contemplando logo o pouso do tempo inclemente sobre os lenzos.

   O milagro das obras pictóricas, cando se acada, ten moito que ver coa fixación dun intre, coa revelación, coa textura das sensacións que non queren esvaírse na nada. Esas obras atinxen a categoría do extraordinario cando falan de por si e tamén de todo aquilo que non se nos mostra, cando, mesmo ao nacer, teñen o musgue do tempo, a pegada dos restos que emergullen do naufraxio. Un sinte con plenitude esta presencia na obra última de Antón Mouzo. Os que valorábamos o seu dominio técnico, asistimos agora engaiolados á descuberta dun camiño intransitado, á descuberta dun latexo activador de suxerencias. O oficio libérase de retóricas, de modismos, e abre sucos artesáns nunha superficie feita con tiras de pel e historia efímera. Pousa a neve nunha paisaxe desolada de papel prensa. Sobre as vísceras dese mundo que dura un día, deita e encarna Mouzo o que é máis propio do ser humano, chamémoslle alma ou nostalxia.

   E é así que os obxectos fálannos de si mesmos, da súa apariencia, e tamén de todo o que non está, de todo o que invocan, de tempos e mundos que nunca se contarán en papel prensa. A sobriedade destas obras é tamén aparente, coma a luz dun espello. Así como tralo carbón está o lume e tralo lume a árbore e trala árbore a semente e a terra, tamén tralo trazo da silueta, das figuras, dos obxectos e da paisaxe insinuada, é posible reconstruir a perplexidade da mirada humana.

   A semellanza dun deus, o artista ten o envexable poder de crear mundos. O de Antón Mouzo é o dunha tranquila desolación. Na voráxine das modas, tan persoal aposta adequire a dimensión dunha contrarretórica, dunha saudable e inquedante pescuda.

   Lonxe de catálogos e de efímeras idolatrías, caladamente, coma un solitario artesán con mente renacentista, traballando as tatuaxes da memoria coas sutilezas do carbón vexetal, explorando melancolías activas nas longas soedades do reloxio de area da Costa da Morte... Ese que reina nese mundo é Antón Mouzo.

1992 (21 Febreiro-5 Abril)

Exposición seleccionados “VI Premio de Escultura PABLO GARGALLO”.

Palacio de la Aljafería, Zaragoza.escultura seleccioada en IV premio Pablo Gargallo

1992 (Verán)

Colectiva “60 IMAXES DUNHA COLECCIÓN”.

Consellería de Cultura e Deporte, Xunta de Galicia.

San Martín Pinario, Santiago de Compostela. Casa de Galicia, Madrid.

1992 (Verán)

Luzes de Galiza nº19-20

Oito ilustracións de Antón Mouzo para: “Paisaxes naturais e paisaxes culturais”, de Roxelio Pérez Moreira / “O’Xestal” e “O home a quen o mar chamou á porta da súa casa”, de Manuel O’ Rivas / “Poetas da Costa da Morte”.

1992 (19 Xuño-11 Xullo)

“Melancolía activa”. Exposición individual na Galería Sargadelos de Santiago de Compostela.

20-6-1992

El Correo Gallego

Würzburg, Berlín, Postdam e Galicia, na obra última de Antón Mouzo Lavandeira

A galería Sargadelos de Santiago abriu onte as súas portas á obra do artista galego Antón Mouzo, que nesta ocasión ofrece unha serie de traballos elaborados sobre soporte de anacos de papel prensa, carbón vexetal e outros materiais. “A serie arrinca da miña estancia nas cidades de Würzburg, Berlín e Postdam –subliña Mouzo- con referencias temáticas alusivas á súa paisaxe e mesturándose con imaxes evocadoras do meu mundo orixinal, a Costa da Morte, ata o punto de crear unha paisaxe íntima, onde pinto coa luz e debuxo coa sombra” (...).

1993

Voces en Compostela. Consorcio da Ciudade de Santiago de Compostela.


1993

Exposición colectiva “Trazos e Camiños”, itinerante por Galicia.

1993 (Agosto)

Exposición individual no Castelo de Vimianzo.


1993

Exposición individual no pub “Modus Vivendi”, Santiago de Compostela.

1994 (5 Marzo)

La Voz de Galicia (p. 42, Soneira):

1994 (11-30 Marzo)

Exposición individual na galería “Abel Lepina”, Vigo.

1994 (8 Setembro – 1 Outubro)

Texto do catálogo de Manuel Rivas:

Exposición individual na galería “Atlántica”, A Coruña. [Ceras]

O vixía do segredo

   A igual que hai un fío que une o ventre das montañas barreiras de Bergantiños coas formas dos alfareiros de Buño hai neste último chanzo da obra de Antón Mouzo un íntimo vencello coa materia. Non son as montañas barreiras pero podían selo, montes secretos onde aburbullan, como fontes nacedoras, os soños das cores, pois ben dixo Uxío Novoneyra que en Galicia chove e chove para nós poder soñar. Baixo aparentes monocromías hai unha interminable primavera. A paisaxe e a atmósfera xeneran melancolía máis tamén zumegan o seu antídoto, a vontade de estilo, a imaxinación.

  Neste caso a materia son ceras, que despois da colmea, o lagar e o tendal do sol, encóntranse coas mans en forma de cunca de Antón Mouzo. A natureza é transformada en pócima, nunha sustancia susceptible de obrar milagres. Na obra de Mouzo o milagre faise máis evidente porque non se esvai, non é maqueada, disimulada, a materia orixinaria.

   Pola contra, un ten a sensación de que se acentúa no proceso, como se ao facerse arte humana, ao constituirse en xeoloxía íntima, rexurdira e salientara a súa natureza básica.

   E nestas obras non só se pode ver o que Antón fixo senón o que as abellas soñaron que Antón podía facer cando ían de flor en flor, da fucsia ao alicroque, do pampullo ao chuchamel. E tamén pode verse a moenda dos pigmentos e como o pelisco dos dedos busca a exacta proporción de especias nun prato festivo. Antón Mouzo non só pintou con estas cores. Creounas. Eu imaxinoo coma un trasno dilixente e inxenioso, con eses ollos de mago e de moucho, nun obradoiro a carón do río, entre ameneiros, no val de Soneira, dirixindo toda a operación de producción de cores, comunicándose coas abellas e graduando a intensidade do sol cun luzómetro encontrado na misteriosa Cidá de Borneiro, orientando os neboeiros fisterráns do Mar de Forra cun cataventos fundido en fragua de mimosas de Somonte.

   E unha vez que tivo as cores, as súas cores, Antón Mouzo fixo, con todo o dereito, o seu mundo. Pintou un cabalo vermello para agallopar entre lapas. Estoupou o que a materia levaba dentro, os soños quimiorectores que deran lugar a súa propia producción. Quizais unha abella chamábase Rothko, outra Chagall, outra Pollock, outra Lam, ou outra Melancolía. Pero non importa. Antón Mouzo ten xa o inconfundible selo dos que fan algo máis ca pintar un mundo. Crean un mundo. Son vixías dun segredo.

1994 (18 Setembro)

La Voz de Galicia (p. 44, Arte) Por  Rosario Sarmiento

Cambios en sintonía

   A través de las exposiciones que han ido definiendo su trayectoria, la personalidad de Antonio Mouzo se ha conformado como sintomática de una reflexión sobre el entorno natural. En su trabajo de la galería Atlántica el uso de la encaústica le sirve de fundamento para articular una obra en la que el proceso es tan importante como el resultado, pero al mismo tiempo actúa como clave para adentrarse en un desarrollo conceptual más profundo y atractivo.

   Buscar un nexo que aglutine las propuestas con que Mouzo ha ido identificándose a lo largo de su trayectoria es hablar de la personalidad de un artista de coherencia dispar, inductor de cambios, pero que nunca ha rebasado los límites de la lógica de contrarios.

   Una definición bajo la que el espectador ha de conducirse si quiere introducirse en la realidad del último trabajo de este pintor en la galería Atlántica, en el que a través de la encaústica –la cera virgen tras un proceso de limpieza pasa a convertirse en base aglutinante del color que es aplicado posteriormente a partir de una fuente de calor sobre la superficie- ha buscado dar al resultado de la obra una valoración paralela al proceso que la ha generado.

   Pero esto no significa que la acción primordial que define esta obra sea básicamente un proceso técnico, ya que esto reduciría el papel de artista al de artesano, al de actor de una acción que no tiene guión y que sólo gesticula palabras, sino más bien a una obra en la que la intromisión, la apropiación del espectador del propio proceso, es el único modo de trascender hacia un mundo de relectura más compleja.

   Mouzo nos narra las referencias de un medio bajo la impronta de un fuerte y decidido cromatismo, con un emblematismo de elementos, de objetos y sujetos de su poética, que al igual que la inclusión del cristal o la elección de la materia o el color del marco tienen igual peso en la lectura final.

   Para Mouzo el uso de una materia natural como la cera, del papel reciclado que utiliza en ocasiones como soporte o la inclusión de paja natural en algunas de sus obras para aumentar la sensación de volumen y espacio, son medios y fines en si mismos, narradores de una naturaleza inexistente e imaginaria, deseada, abstractiva, alejada de la luz gris que envuelve el verdor de su medio y que abre camino hacia una realidad más compleja de la que es difícil encontrar un único matiz referencial. Porque en la pintura de Antonio Mouzo esa dispar coherencia que ha venido aglutinando las propuestas de sus últimos trabajos es el resultado de algo más que la utilización de materias naturales, de aplicar procesos artesanales, de pintor alquimista que se nutre de lo que la naturaleza le ofrece, ya que se convierte a través de su conexión entre el plano de la realidad exterior y la realidad interior en “el lugar donde encuentro mi mundo, el lugar en donde estoy”.

   La obra es, en definitiva, objeto, convertido en elemento sacral, de contemplación, preservado por el cristal, por la vitrina, pero también tangible e impactante para la sensibilidad, ya que ante todo es un elemento usurpador de las visiones contrariamente coherentes de su sensibilidad.

1995 (mes de Agosto)

Exposición individual

Exposición individual na galería “Café de Macondo”, A Coruña.

1995 (9 Agosto)

La Voz de Galicia

El pintor soneirán Antón Mouzo expone en La Coruña varios dibujos sobre la Costa da Morte

   El pintor de Vimianzo Antón Mouzo Lavandeira expone en La Coruña una serie de dibujos sobre la Costa da Morte. Una parte de los trabajos fueron publicados recientemente en el libro titulado Costa da Morte blues.

   La obra puede verse en el local denominado Macondo, donde permanecerá durante todo el mes de agosto. La puesta en escena de los dibujos es muy particular, ya que están rodeados por objetos que solían pender de las paredes de las cocinas en las casas de aldea de la comarca.

   El unto, la peneira, la ristra de ajos o el olivo bendecido el Domingo de Ramos forman una combinación perfecta con los trazos que el pintor vimiancés ha querido presentar en el referido local de la ciudad coruñesa.

   Según el propio autor, la presencia de todas estas cosas ha sido tomada como una referencia poética y como elemento formal de la exposición, que fue instalada a principios de mes.

   En estos trabajos, Antón Mouzo presenta una especie de estampas sobre paisajes y personajes de la Costa da Morte. Son una especie de reproducción de momentos concretos en la vida y el entorno físico “do país do río Grande”, donde “os corvos voan cara Touriñán”. La colección no fue realizada en un momento concreto, sino que está compuesta por dibujos realizados en instantes diversos e incluso bastante distanciados en el tiempo.

1995 (15 Outubro)

La Voz de Galicia (Soneira-Fisterra)

1996 (30 Xullo-30 Setembro)

Colectiva “Puxando o ar”. Abanicos de pintores galegos contemporáneos.

NOROESTE Xoias de autor, Santiago de Compostela.

1997

Revista “Bravú” nº 4

Ilustración para o relato “M.A.R.” de Rafael Lema.

1997 (14 Abril-11 Maio)

comentarios de María Luisa Ilarri Junquera

A Arte Galega na Colección Caixavigo

Pintura e escultura galegas dos séculos XIX e XX.

Estación Marítima de A Coruña.

Cadros de Antón Mouzo na Colección:
  

Son las luces de un paisaje nocturno del que mágicamente el pintor borra todo lo superfluo para dejar sólo un armazón geométrico construido con colores. El artista mezcla ceras naturales y pigmentos elaborando pacientemente la pasta pictórica. Crea sus propios colores y, soñando con azules y morados nos lleva a fucsias, rojos, anaranjados y amarillos con un lenguaje sintético que respira incitación y sentimiento.

La luz se filtra a través de una arboleda y espejea sobre un charco formado en el suelo. Lo real y lo imaginario dialogan y se funden a través de sensaciones visuales. Con gradaciones tonales, y transiciones de color imperceptibles, nos lleva a un paisaje de manchas y trazos esquemáticos en un ambiente de delicada evanescencia. El marco de este cuadro, igual que el de su compañero, fueron hechos por el autor utilizando maderas naturales.


“Nocturno cidade”, ceras e acrílico/papel, 34 x 49 cm., 1990.



“Sol entre árbores”, ceras e acrílico/papel, 30 x 51 cm., 1990-94.

1997 (29 Abril)

O Correo Galego. Reportaxe, por Albino Mallo

Antonio Mouzo encara o futuro como unha busca de novas expresións

   Para Antonio Mouzo a expresión artística pode desenvolverse por calquera das vías que lle permitan ó artista comunicarse co público. Por eso, aínda que comezou pola pintura, tamén realiza escultura, gravado, instalacións e vídeo porque, segundo di, “estou aberto a todo o que me dea oportunidade de expresar unha idea, sexa en situación estática ou en movemento”.

   No seu estudio da Coruña, cara ó porto, este home nacido en Vimianzo prepara obras que, de momento, aínda no teñen un destino definido. Traballa por amor ó que fai e non pensa no seu futuro destino.

   Tamén traballa cunha gran variedade de materiais. “Non me aferro ó tradicional, senón que busco aquilo que me pide a propia obra. Por exemplo, pintei cadros sobre sornáis nos que, ás veces, entre as pinceladas asoman as letras impresas como componentes da obra. Agora estou a facer un bosque no que os troncos das árbores son auténticas madeiras que vou atopando polo campo. Tamén teño outra obra que leva follas de árbores, pero nesta ocasión están feitas e recortadas sobre láminas de metal moi maleable”.

   No estudio ten un gran cadro a piques de rematar no que se poden ver milleiros de flores feitas con masas de pintura, o que lles dá un carácter prácticamente escultórico. “Dentro da liberdade da miña obra tamén me gusta utilizar estes volumes feitos con pintura. No principio quixen representar un xardín e decidín que fora unha visión das flores realizada por unha persoa que as contempla dende arriba, coma se estíbese levitando. Por iso a perspectiva rompe coas máis tradicionais normas”.

   Antonio Mouzo realizou diversos cursos no Círculo de Bellas Artes de Madrid e en talleres da Universidad Menéndez y Pelayo e Universidade de Vigo. Comezou a exponer na Coruña no ano 1975 e dende entón case tódolos anos deu a coñecer algunhas obras, ben en exposicións individuais ou ben en colectivas, algunhas destas forra de España. Participou en publicacións como carpetas de gravados, revistas e portadas e ilustracións de libros, entre eles Costa da Morte Blues de Manolo Rivas.

   As súas obras de gran formato pódense ver en coleccións como as da Xunta de Galicia, Museo de Belas Artes da Coruña, Banco Exterior de España, Concello de Carballo, Consorcio de Santiago, Museo Carlos Maside, Caixavigo, así como en centros de saúde e colexios públicos da Coruña. Para este artista o futuro segue a ser unha busca de novas expresións e, sobre todo, de comunicación a través das formas artísticas que poidan cegar a todo o mundo.

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1997

Artistas Plásticos da Costa da Morte

Asociación cultural Monte Branco, O Couto, Ponteceso.

1997 (21 Xuño)

O Correo Galego. Relatos e debuxos do verán.

Ilustración de Antón para o relato “Cando chorou charo”, de Manuel Rivas..

1997 (Xullo-Outubro)

“Galicia, 1900-1990”.

Hospital da Caridade, Ferrerías da Armada (Ferrol).

Galicia, Terra Única (Xunta de Galicia. Consellería de Cultura e Comunicación Social).

Obra exposta: “A montaña disoluta”, acrílico, po de cristal, papel e tea de xute, de 150 x 200 cm., con dous monitores de vídeo que proxectan a imaxe dun reloxo de area.

1998 (20 Xaneiro)

El ideal gallego

1998 (22 Marzo)

La Voz de Galicia

Entrevista a Antón Mouzo como asesor na rodaxe do filme “Finisterre, donde termina el mundo”, dirixida por Xavier Villaverde.

1998 (30 Agosto)

La Voz de Galicia

Os pintores Antón Mouzo e Juan Martínez de la Colina realizan un mural na discoteca Soco de Vimianzo.

1998-1999

(Diario “O Globo”, Caracas, 3-6-1999)

“Memoria e vangarda, 8 pintores de Galicia”. Mostra itinerante de oito pintores contemporáneos galegos (32 obras): Darío Álvarez Basso, Xosé Luis de Dios, Din Matamoro, Manuel R. Moldes, Antón Mouzo, Cruz Pérez Rubido, Xaime Quessada, Manuel Quintana Martelo [Catálogo. Antón aporta catro obras, naturalezas, realizadas no 1998]. Itinerante por Caracas, San Juan de Puerto Rico, El Salvador, Miami, Chicago e New York.

Xunta de Galicia (Xacobeo 99).

Pintores de Galicia en Caracas:

(...) Destacan las obras de Antón Mouzo, un artista que lleva al lienzo lo telúrico de las tierras gallegas al imprimirle a sus naturalezas la textura y brillo de las piedras (...).

Sen título, 1998, acrílico e mica sobre lenzo 81 x 100 cm

1999 (Febreiro)

Magazine socio cultural do mundo COMPOSTELÁN”

Antón expón en Santiago de Compostela, no local da rúa Azabachería, “O Filandón”, algúns dos cadros que formaran parte do decorado do filme “Finisterre, donde termina el mundo”, de Xavier Villaverde.

1999 (15 Xuño-15 Xullo)

Catálogo. Texto de Manuel Rivas.

V Certame de Artes Plásticas Isaac Díaz Pardo. Organizado pola Deputación da Coruña.

Exposición colectiva das obras seleccionadas na Facultade de Socioloxía. Mostra composta por 27 traballos (7 esculturas e 20 pinturas) que pasaron a engrosar o patrimonio artístico da Deputación.

A tranquila desolación (Manuel Rivas)

Unha das primeiras noticias certas que tiven de Antón Mouzo foi no curso dunha inundación. As augas do río Pequeno desbordaban polo val de Soneira, agallopaban fóra do curso natural dos ameneiros, asolagaban os campos do maínzo, anegaban os centeos e agatuñaban por valados e pontes, improvisaban fervenzas polas pradarías en aba,e, finalmente, brincaban dos foxos ás estradas con esa atolondrada inocencia que ten a natureza cando intimida aos humanos. A máquina na que eu viaxaba tivo dificultades para remontar as augas e chegar a destino. Logo soupen que a esas horas, nun soto ribeirán de Vimianzo, o pintor Antón Mouzo loitaba por rescatar os seus lenzos do vómito da treboada.

   Fóronse as augas camiño do mar da Costa da Morte pero quedou impresa, trascendida en metáfora, a escea do creador facendo fronte ao naufraxio da obra e contemplando logo o pouso do tempo inclemente sobre os lenzos.

   O milagro das obras pictóricas, cando se acada, ten moito que ver coa fixación dun intre, coa revelación, coa textura das sensacións que non queren esvaírse na nada. Esas obras atinxen a categoría do extraordinario cando falan de por si e tamén de todo aquilo que non se nos mostra, cando, mesmo ao nacer, teñen o musgue do tempo, a pegada dos restos que emergullen do naufraxio. Un sinte con plenitude esta presencia na obra última de Antón Mouzo. Os que valorábamos o seu dominio técnico, asistimos agora engaiolados á descuberta dun camiño intransitado, á descuberta dun latexo activador de suxerencias. O oficio libérase de retóricas, de modismos, e abre sucos artesáns nunha superficie feita con tiras de pel da historia efímera. Pousa a neve nunha paisaxe desolada de papel prensa. Sobre as vísceras dese mundo que dura un día, deita e encarna Mouzo o que é máis propio do ser humano, chamémoslle alma ou nostalxia.

   E é así que os obxectos fálannos de si mesmos, da súa apariencia, e tamén de todo o que non está, de todo o que invocan, de tempos e mundos que nunca se contarán en papel prensa. A sobriedade destas obras é tamén aparente, coma a luz dun espello. Así como tralo carbón está o lume e tralo lume a árbore e trala árbore a semente e a terra, tamén tralo trazo da silueta, das figuras, dos obxectos e da paisaxe insinuada, é posible reconstruir a perplexidade da mirada humana.

   A semellanza dun deus, o artista ten o envexable poder de crear mundos. O de Antón Mouzo é o dunha tranquila desolación. Na voráxine das modas, tan persoal aposta adequire a dimensión dunha contrarretórica, dunha saudable e inquedante pescuda. É unha honra poñer letras de molde a este magnífico suceso na pintura galega.



 Antón expón a obra “Bazar I”, técnica mixta sobre lenzo, 156 x 111 cm. 

1999 (Outubro-Novembro)

Xosé Antón Castro Fernández (catálogo da exposición)

Exposición individual “Cos pés na terra”.

Casa da Parra, Santiago de Compostela.

Xacobeo 99

   A pluralidade e a dilución dos xéneros definen, tal vez, mellor que outras calidades a situación de arte actual. Diluir significa, neste caso, rompe-los límites precisos do que considerábamos pintura, escultura ou calquera manifestación artística etiquetada como procedemento estanco, de xeito que un pintor pode non utilizar un pincel e un escultor tampouco a terceira dimensión. Xa que logo, diriamos que nunca foi tan versátil a pintura como na década dos noventa: nela déronse cita tódalas posibilidades da estética contemporánea e nela, unha vez que se logra rompe-la ética tradicional da visión frontal, confluíron os caracteres espacio-temporais dos outros xéneros. Desde a celebrada instalación Rin-zén de Tapies, ós espacios ocupados de Buren, ás postas en escena dos mais novos Abigail lane, Polly Apfelbaum ou Fortuyn O’Brien, por exemplo, a idea de totalidade eleva a pintura ó campo dunha arquitectura ambiental na que pintar é ordena-lo cosmos estético, un aluvión que absorbe o mundo híbrido que estamos a vivir. Mais ó lado desta visión que algúns chaman de campo amplo da pintura –hai quen utiliza o termo francés élargi-, persiste a clásica revisita, que pode ser sempre novidosa, á estructura bidimensional dun lenzo: nada mellor que a abstracción posformalista dos Lasker, Bleckner ou Gordillo, entre outros para comprendela. ¿Ten algo que ve-lo anteriormente exposto coa pintura de Antón Mouzo?.

  El que nace como pintor que elaborou un proxecto cunha forte personalidade xa a principios dos oitente, no marco da rebelión atlantista dos mozos galegos daquela xeración, reasumiu os diferentes presentes vivenciais cun filtro tan particular como aberto á percepción do mundo estético que o acollía. Percibilo desde o ocasional retiro de Vimianzo foi un privilexio que afianzou a sua mirada escrutadora, reforzando a análise paciente que nace na mística oriental, que el reivindica como meditación, porque pensa, como o poeta e pintor Henry Michaux, co que garda moitas afinidades na visceralidade exquisita do xesto que constrúe a natureza, que “o mundo exaltado do Oriente é aquí un e total, capaz de expresa-lo summun de éxtase no nome de todos...”. Así e non doutra maneira poderia acercarme á súa última mostra, Cos pés na terra, historia dunha viaxe iniciática á pintura como tódalas pinturas posibles, retornando ás orixes dun tempo que precisou, subliñando a idea de paseo e marcha, co que, pouco a pouco, foi configurando a memoria dos obxectos encontrados, cousas que estaban nos chans da rúa, da cidade ou do campo, cousas que estaban na terra, paos ou envases de bebidas, a mica, que vai iluminar novas posibilidades materiais no seu traballo. E nada máis propio para emblematiza-la viaxe que unhas sólidas botas de madeira de buxo, verdadeira escultura hiperrealista, que se inspiran nas botas do pai, sinal de identidade e patria proustiana dun recordo que o conducirá por camiños complexos: son as botas que se sitúan na terra, as que fixan a madurez do proxecto do artista que percorre un camiño e, ó facelo, amplía as posibilidades da pintura máis aló do muro. Pero os pés na terra son tamén a pegada metonímica que implica unha idea de razón, algo así como á cordura, saber onde un se sitúa, onde quere ir, unha imaxe que para Mouzo arranca simbólicamente dun debuxo feito en 1992: sobre unha estructura superficial de periódicos –a colase é unha constante na súa pintura- os trazos negros, cálidos e nerviosos definen unha paisaxe alborotada de árbores, unha natureza de xestos leves e lixeiros que deveñen finalmente caligrafía escritural e que nos acerca ó Xardín exaltado de Michaux, unha entrada nun Oriente particular. Pero acercarse á natureza en Mouzo é facelo desde unha mítica estética refundada nas mesmas cinzas conceptuais que esparexeran un día tódolos grandes recicladores da arte, desde os dadaístas ata os novos realistas franceses ou os poveras italianos.
Para estes natureza era tamén o artificio urbano, o resto industrial encontrado na rúa. O artista redimensionará a nova vida do obxecto ou do desperdicio e converterá nun vanitas particular a materia reciclada. Velaí onde nace a natureza pictórica do noso home que nos leva a outra imaxe trascendente, segundo os principios da representación: da terra e da rúa ou simplemente das vellas pinturas curtidas ó longo dos anos baixo as escintilacións da mica, principio cardinal en Mouzo, xénese dunha emulsión que refracta o ar e a luz nacarada dos lugares máxicos ou encantados das vellas fábulas. Como outro orientalista excepcionalmente refinado, o Octavio Paz que reinventa a Lévi-Strauss nun novo festín de Esopo, a natureza en Mouzo non é nin unha substancia nin unha cousa; é unha mensaxe e unha estructura que emite significados dirixidos a un receptor disposto a intuí-las claves que se atopan no seu contorno vivencial e cotián. A súa percepción fará posible a unión indisoluble e social dun binomio que define gran parte da arte do presente século: a natureza e a cultura. E a través desta simbiose asistiremos á construcción dunha xeografía e dun territorio poboados de árbores e flores, espacios tradeados pola luz –toda a pintura de Mouzo é unha historia de luz, unha luz cambiante que nos fai palpa-lo tempo-, que alonga a nosa mirada máis aló da realidade. E esta podemos intuíla como representación ou como estructura táctil nun camiño que vai dos cadros as instalacións. Se nos situamos no Cadro das mil flores, un título que nos leva ás mil primaveras emblemáticas e que parece imaxinou Manolo Rivas, a paisaxe cálida de amarelos emulsiona a febre lumínica das margaridas ou dos xirasoles nun enorme xardín que, desde os grosos empastes de pintura, elude o baleiro para privilexia-lo gran territorio da natureza fantástica convertida en all-over, onde o sol ilumina o peso da cor.

flores

   Mais este pode coexistir coa levidade e a reciclase dirixirse á superficie do papel artesán: sobre el o artista compón a paisaxe de follas de flores recortadas das vellas latas de coca-cola, de cerveza e doutros refrescos, furadas polos golpes, comprimidas polas rugosidades das pisadas e con restos de cromía. O desperdicio, serializado na matemática dunha composición moi precisa, imaxe dunha verdadeira partitura musical, adquire unha vida particular desde a brillantez da mica e o cadro devén esa historia de luz e tropo dunha natureza recreada na vitrina do coleccionista de bolboretas. Nada que ver coa interpretación da paisaxe como construcción cultural que poderían face-los nosos ollos; é só unha natureza inventada desde a reciclase, pero, ó fin, reflexo desoutra que para Schelling era representación da beleza repousada e tranquila, forza orixinaria do mundo, a que rescata a arte do tempo, sometida ós profundos estremecementos da fantasía. Fronte a ela sitúase, en primeiro lugar, o artista que organiza pacientemente o campo amplo da pintura como estructura visual dun código que terminará por refractar tódolos valores plásticos e tódalas posibilidades da pintura resumidas na composición, onde cada flor que coloca é –e dío o artista- “como un rezo, como unha ladaiña”.
Ese mesmo exercicio reflexivo, temperado pola distancia paciente do que concibe a pintura non só como necesidade expresiva, senón como terapia do espírito, é o que desvelamos nas paixases de árbores, construidos con paos encontrados, que describen a nocturnidade ou a claridade dos días de sol da cidade imaxinada secretamente en parques ou xardíns e a través dunha ramaxe espesa: espacio de luz onde asistimos á transformación do tempo e polo tanto ó cambio na pegada da pintura lonxeva, que lles dá corpo material ás superficies, pintura retomada das vellas cascas de botes abandonados ó longo dos anos, un xeito de presenti-la arqueoloxía da materia e das texturas. Exaltación do dripping e da acción, noutros casos –sucede nos papeis, onde o territorio emulsivo das flores é só un campo cheo de luz-, de brancos reflexos e de liñas cenistas sen retorno, para que as árbores, en medio da nácara da mica prateada, adquiran a dimensión poética e abstracta de espacios sen tempo, de bosques complexos, de verdes refulxentes e brillos que mudan segundo a diferente situación do espectador e a  incidencia da luz exterior.
  Por iso na pintura de Mouzo é importante o papel do preceptor activo, é dicir, do que constrúe coa mirada, ese voyeur especial que para Marcel Duchamp era necesariamente o finalizador da obra de arte. De xeito que o propio desprazamento implica a aludida idea de cambio no territorio que se nos ofrece como pintura expandida creando continuas mutacións visuais e unha sorte de veladuras e de transparencias por onde flúen os raios irisados dunha luz que ás veces golpea sen pudor a nosa retina. Sen embargo, detrás dos efectos formais descritos, da capacidade rítmica que desvelamos na simetría da fragmentación dos recortes metálicos convertidos en flores, ordenados nun todo, existe na pintura de Mouzo unha humanidade que nos fala do home. Un home que presentimos na súa ausencia, escondido nalgún lugar da paisaxe deserta ou na xeada nerviosa dos debuxos fráxiles do papel de arroz, entre as ramas e os xestos da tinta chinesa. Tal vez nas pegadas e manchas que deixaron as botas de buxo no paseo pictórico que se resiste a despreza-la totalidade do espacio para explica-lo movemento e, xa que logo, a duración constructiva do cadro. E neste espacio, onde se dilúen os xéneros, onde a pintura deixa de ser frontal, segundo os principios da tradición, fica o pintor cos pes na terra, transformando o territorio do chan no gran cadro instalado na arquitectura: sobre un fondo de po de mica Mouzo configura a paisaxe artificial da natureza como representación dunha realidade nova, a mesma que lles preocupara noutra época ós ditos artistas poveras, mais o rigor do artificio convértese nunha xeografia cultural e alquímica poboada de follas metálicas de latón dourado pola acción do ácido. Velaí co camplo amplo da pintura sen pincel, o porqué de que hoxe unha das opcións que está a salvar aquela pasa necesariamente pola reformulación do seu papel fóra da representación ideal. Neste caso o artista elabora o cadro, ocupando un espacio real, observando unha composición, unha luz unha perspectiva e unha cromía que existen como algo palpable, lonxe da ficción. Só existe ficción na imaxe transformada da vexetación, pero acordamos que conceptualmente natureza é tamén –recórdano-lo Giovanni Anselmo, un dos protagonistas da chamada arte pobre- o que existe sobre a terra. Atopalo e reordenalo é función do artista, lonxe xa da mítica sobrevaloración creacional que se lle atribuíu sempre e preto do sentido recreador e selectivo que achegou un día Duchamp á arte do noso século, roubando os obxectos que habitaban o noso contorno.

   Este xeito de inventa-la pintura constitúe nos noventa e xa cara ó próximo milenio unha das tarefas mais interesantes que lle resta como alternativa e posibilidade para seguir sorprendéndonos sen cor e sen pinceis. Antón Mouzo soubo comprendelo e a súa mensaxe asumiu os novos códigos que fan que arte, ainda bebendo nas orixes e na tradición , poida ser unha resposta especial ligada á vida, intérprete precoz do mundo que vivimos. E faino desde unha particular mirada escrutadora da natureza, eterna fonte de estética, pero, dicía Schelling, uha arte semellante á dos séculos pasados xa non volverá, posto que aquela -a natureza- xamais se repite.

X. Antón Castro

As botas de Antón Mouzo

Manuel Rivas

As botas de Antón Mouzo son de buxo.
O buxo medra canda a estatura do home
que o plantou.
Se el chega a vello, o buxo terá o largo do ataúde

e o grosor no toro do pulso do morto.
Por iso xa case ninguén planta buxos en Galicia.

Porque os buxos aliméntanse do esterco do
tempo perdido
e requiren unha terra que endexamais teña prezo
o equivalente á sombra dun reloxo de pedra.
Co buxo facíanse punteiros de gaita,
fusos e lanzadeiras do tear
e tamén cabaliños de xoguete.
Esas formas eran, para o buxo,

unha segunda existencia,
pois medraba no vento, no lenzo e nos soños

do xinete da infancia.
Un buxo cortado sen destino
semella unha extremidade serrada,
transmite a dor fantasma da amputación.
Foi así como o encontrou Antón Mouzo.
El tiña a memoria das botas do pai.

Gracias a aquel recordo,
o pai seguía a andar polos carreiros de Soneira.
Subía coas botas ao monte Faro
e arreglaba o repetidor de tv.
O pai devolvía as imaxes á pantalla,
enchía a fiestra escura e fría
daquel tempo innombrable.
Antón reconstruíu coas pernas do buxo
as botas andarinas do pai.
E como diría o carpinteiro Geppetto,
feitas están coa mellor madeira da humanidade.

Irroa, Outono, 1998.

botas de buxo

1999 (13 Novembro). El Correo Gallego.

Mercedes Rozas, crítica de Arte

Los diferentes matices de lo natural (Mercedes Rozas, crítica de Arte)

   Ánxel Fole abordó el tema de la naturaleza en este país, entonando con una prosa lúcida y espontánea todos los atributos de su esencia.’El escritor de los árboles’ arrancó en sus palabras la luz y las tonalidades de los robles y de los castaños en otoño, y supo transcribir las ‘cantigas’ de los pájaros en plena primavera. Con él la realidad del paisaje adquiere serenamente el valor de lo protegido e invulnerable. Para Fole como para otros muchos creadores de la palabra, y también de la pintura, la naturaleza es el germen de su obra.

   En uno de sus textos aseguraba que en la literatura gallega “hai moita paisaxe, tanto no verso como na prosa”. Este apunte era ratificado en el campo de la pintura al seleccionar a varios artistas gallegos, Avendaño, Lloréns, Maside, Torres y Colmeiro, porque en sus cuadros, “Galicia tamén é a súa paisaxe”.

   La naturaleza ha sido la musa de muchos estilos, de muchas obras que han acaparado la estética viva que se le ofrece ante sus ojos. Todavía hoy sirve de estímulo para autores que son capaces de apreciar el agasajo que supone el concierto de colores y materiales y atraparlos en el ‘paisaje’ imaginario de sus creaciones.

   Se revive una percepción de sensibilidad ante la trama de lo natural en cada una de las piezas que Antón Mouzo presenta en la Casa de la Parra. El montaje de la muestra va llevando al espectador hacia cada uno de los elementos que la conforman y que aportan los diferentes matices y texturas de la superficie; son las nicas, los latones, la madera o el papel artesano los que dan sentido a la imagen.

   Pero en estas composiciones es importante el componente pictórico; el acrílico y el óleo se introducen como nexo constructivo, dando forma a toda una explosión de cromatismo y la materia pictórica se vuelve moldeable, formando capa tras capa la frondosidad ilusoria de un vergel. Se recupera en esta muestra lo esencial del entorno verde y se registra plásticamente convirtiéndolo en visualizaciones azules, rojas, blancas, marrones... En un ejercicio de apariencias las imágenes simulan ser lo que no son; de esta forma, las hojas amarillentas y caídas, lo mismo que los árboles o la infinitud de las flores pertenecen al mundo del metal o la pintura; su exuberancia emana de la propia materia que se manipula.

   En este acertado montaje se aprecia como el paisaje se convierte en el mejor aliado para expresar ideas. Este artista gallego torna visible fragmentos de una realidad cognoscible, intentando reflejar al mismo tiempo lo imperceptible. Cuando Monet a finales del siglo pasado codició abarcar lo efímero, organizó una expedición a Escandinavia para usurpar de aquel paisaje todo lo que pudiera ser imperceptible; los efectos que descubre los traslada a varios cuadros en los que logra pintar ‘el aire’. En la Casa de la Parra de Santiago, Antón Mouzo, como aconteciera al pintor francés, semeja que ‘il veux l’impossible’.



Follas de mica (detalle), 1999

2000

“III Exposición Arte e Solidariedade” (Proxecto Home)

Colectiva itinerante por diversas cidades galegas: A Coruña, Ferrol, Lugo, Ourense, Pontevedra, Santiago de Compostela e Vigo.

Catálogo. Obra aportada por Antón Mouzo: Sen título, 1999, acrílico e mica sobre tea, 46 x 33 cm.

2000 (5 Setembro–1 Outubro)

Exposición colectiva “Diálogos co silencio”

San Domingos de Bonaval, Santiago de Compostela.

Capitalidade Cultural do 2000.

Catálogo. Antón expón a instalación “Vanitas”, 2000. Técnica mixta. Pintura, mica, papel reciclado e espellos.

2001 (Xuño-Xullo)

“Obradoiros”. Espacio para a Arte. Pontevedra.

Caja Madrid. Obra social.

Catálogo con 21 obras de A. Mouzo e prólogo de Luis Rei Núñez. Antón adica esta exposición aos diferentes obradoiros, espazos de traballo que tivo ao longo da súa vida artística.

“Palloza II” 105 x 41 cm. Acuarela mixta. 2001

2001

Catálogo. VII Certame de Artes Plásticas Isaac Díaz Pardo

VII Certame de Artes Plásticas Isaac Díaz Pardo. Organizado pola Deputación da Coruña.

Catálogo. Obras de A. Mouzo: “Rede-Mica I e II”, técnica mixta sobre lenzo, 70 x 85 cm.

2004 (18 Marzo-28 Abril)

Exposición individual “El esplendor mineral”.

Sala de exposicións do Casino Atlántico de A Coruña.

30-3-2004

La Opinión

Antón Mouzo, pintor. Un artista que une pintura y piedra (por Patricia Pérez)

Abril-2004

El Ideal Gallego (11-4-2004). Opinión

Mouzo, en el Casino del Atlántico (por Ánxeles Penas)

   Mouzo pertenece a la generación de pintores que comenzaron su andadura en los años 80, una década que recogía las inquietudes rupturistas de la anterior y apostaba por la experimentación y los nuevos lenguajes. Entre estos nuevos lenguajes estaba un amplio neo-expresionismo de múltiples y variadas facetas, en el cual tal vez encajaba aquel joven Mouzo que en 1985 participaba en el colectivo “Mar a Mar”, invitado por el Gruporzán, donde se tendió un arco entre A Coruña y el colectivo Palmo de Málaga. Se dejó constancia allí de esa abertura de senderos “que van de muchas partes a otras muchas y que juegan con la relación culta de símbolos, las ideas o los ritos y los mensajes”.

   No obstante, el arte siempre ha sido un ejercicio de libertad individual y, si hasta mediados o fines de los 80 hubo una tendencia general a reunirse en grupos, quizá por la necesidad de defenderse frente a un medio hostil y desconocedor en general de la cultura plástica, en los noventa esta tendencia desapareció y cada creador siguió su propia ruta o sus personales caminos.

   Mouzo pareció encontrar el suyo propio despojándose de la necesidad de decir para adentrarse en las experiencias del sentir y hablamos del sentir desde la óptica del plástico, una óptica visual que tiene su particular modulación, sus leyes y su liturgia. A veces es inmerso en este ritual de materias, de texturas, de gestos, de policromías o de acromatismos como asoma el milagro de lo que se entiende por arte y que, posiblemente, es tan sencillo como el viajar de una luciérnaga en la noche, un blanco rastro de inquietudes que tratan de imitar, sin saberlo, las rutas celestes, los oscuros alfabetos aún no decodificados.

   De pronto, en ese caminar inquieto, uno encuentra un talismán, una piedra mágica, la llave de los reinos ocultos y, como un niño asombrado, corre a plasmar la buena nueva a los viejos palimpsestos desgastados y borrosos. Esta es la impresión que nos produce la original muestra de Mouzo en el Casino del Atlántico. Su piedra mágica es la humilde mica que, como sabemos forma con el cuarzo y el feldespato, la composición de nuestra piedra grá (o granito). Al sacarla de sus compuestos se produce el milagro de la levitación, la sutileza de los regueros brillantes que buscan la luz; el peso cede paso a la ligereza y los fondos rojo sangre, llenos de silencio, se ponen a hablar de luminiscencias y vías lácteas, de intrincadas selvas con árboles níveos llenos de fantásticos cristalitos. Tenemos la piedra, sí, pero nos sentimos en pleno corazón del laberinto, fascinados por sus recovecos, atrapados en sus blancas marañas, deslumbrados en la prodigiosa noche de apariciones. Mouzo nos lleva por esos rastros luminosos, por esas configuraciones estelares, por esas fantasmales formas arborescentes sobre las que han caído las gemas de intemporales heladas; nos introduce en un móvil y nacarado tejido, en una enredada madeja de hilos argénteos que se va devanando sin acertar todavía con el centro del dédalo.

   Otras imágenes se nos ocurren contemplando este inquieto discurrir de líneas: recordamos a Pulgarcito dejando un tierno rastro de piedrecillas para poder regresar a la casa de los padres. El arte, como los cuentos, se nutre de esas imágenes arquetípicas, de ese profundo y antiquísimo significado, de ese delicado paradigma del que también se nutren nuestros sueños más verdaderos. Cuando Mouzo chorrea sus albas hebras de pintura, quizá recuerda a los ya viejos maestros de la Action painting y del Dripping, recuerda a Jackson Pollock y a Mark Tobey (a los que, por cierto, cantó en impactantes odas, nuestro poeta Bernardino Graña); pero, en realidad, está creando un insólito bordado, con una trama y una urdimbre que pertenecen a sus más íntimas inquietudes; dulces, poéticas, probablemente remotísimas inquietudes, de resonancias tan ajenas al ámbito de nuestro imaginario como un arabesco. Porque, efectivamente, en algunos cuadros nos parece percibir un aire arabizante, un intrincado grafismo que evoca los letrismos coránicos y la ornamentación árabe, también nos recuerda el arte de los orfebres, sobre todo de los que trabajan con formas barrocas. Unas pocas obras se salen de esta línea para llevarnos a la emoción de los viejos papiros, de los antiguos códices o de las vetustas orlas con fondo de terciopelo grana desgastado y marcas de perdidas colecciones cuya historia se ha borrado. Con ello el pintor nos dice que el arte es siempre un ejercicio de nostalgia.

A Coruña 2004

Quinto Salón de Otoño de Pintura. [Catálogo]

Real Academia Gallega de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario. Deputación Provincial da Coruña. Fundación Caixa Galicia.

Obra seleccionada de Antón Mouzo: “Follas-frores”, Acrílico sobre lenzo, 195 x 130 cm., 1999.

2006 (Outono)

Oito ilustracións para o libro de poemas “Alaridos” de Lino Braxe. Accésit de Poesía Miguel González Garcés – 2006